En una calurosa tarde de finales de agosto del 2007, a la sombra de un jazmín y de un saúco (árbol sagrado para los elfos), se gestó el nacimiento de este grupo musical. Luken, Pelendón de nacimiento, había presentado recientemente el famoso Festival DEMANDAFOLK. Guillermo, David y Jorge, en plena degustación de unas endrinas con orujo, sugirieron a Luken la posibilidad de crear un grupo de música folk y tocar en este festival, aprovechando que él lo había presentado... La amistad, los calores y las endrinas sumergidas en el fondo de la botella, hábilmente rescatadas por David, hicieron el resto, que no fue poco...
El nombre del grupo surgió con relativa facilidad, una señal más de que todo en esa tarde apuntaba, de una manera natural, a la formación de una banda musical... Quizá lo del Cencerro Eléctrico fuera una especie de giro metafórico, influenciados por el nombre de La Cabra Mecánica, del Toro Hidráulico o de la Gallina de Chueca…
Luken escuchaba atento nuestras divagaciones y extravagancias y se fue a su casa más que pensativo... Unos días más tarde llamó a Guillermo, nuestro mentor y alma mater, y le comunicó lo siguiente: “Tengo ya once canciones escritas y además sé cómo quiero que suenen... Me las he imaginado ya con música…” Increíble pero cierto…
Desde entonces hemos ido creciendo. Dos miembros más, Diego (Canduterio), se encarga de los teclados. En las guitarras contamos con Guillermo González Olano y con Javier Araco. El bajo es cosa de David Moreno. La percusión, con su vitrocerámica, es cosa de Jorge Villalmanzo. Recientemente se ha unido a la banda Michel Meneses, un músico que aporta su sabiduría en la producción musical y un gran dominio de la guitarra eléctrica.
Es evidente que El Cencerro Eléctrico es un recién nacido en el panorama musical burgalés, pero goza de buena salud y de un gran sentido del humor. Ya han mostrado su pop rural en Burgos capital y alrededores, incluso ya se ha solicitado sus servicios en otras provincias limítrofes. Que El Cencerro Eléctrico suene bien es cosa de que haya mucha paz en el mundo... Lo de la suerte, como siempre, se encuentra en manos del destino y de que la capa de ozono y el calentamiento global aguanten, por lo menos, hasta la próxima década en que quizás tengan que pensar en transformarse en productores de otros grupos y así descansar un poco de tanta gira, bolos y frenesí musical…